Lunes, 06 de Diciembre de 2021
AL INSTANTE: Ingrid Coronado acusa a Charly López de violación.. Ver más

La Columna

Conoce aquí las noticias que acontecen en nuestro país

#LaColumna: El falso dilema de las violentas en protesta

#LaColumna: El falso dilema de las violentas en protesta

09 de Mar del 2020, Hermosillo, Sonora

Por Rodrigo Sotelo / Twitter: @masmedio

Va siendo hora de que, como comunidad en su conjunto no menos angustiada y aterrada por la inseguridad e impunidad que a todos afecta, sin excepción se escale al “No me representan”.

El No me representan entendido como una potente expresión de condena a quienes son generadores directos de la violencia, pero también a quienes envueltos en la bandera de la victimización esparcen odio y generan más agitación.

Lo ocurrido ayer en Catedral no puede quedar como una anécdota ni cubrirse convenientemente con la excusa de la indiscutible legitimidad del fondo de la protesta feminista.

A los gobiernos de todos los niveles sí hay que exigirles, exhibirlos, incluso tumbarlos por la vía de las instituciones;  pero nunca recurrir a los mismos abusos y excesos que se acusan para alcanzar el propósito.

Lo que hacen la mayoría de las mujeres que marchan, justifican y hasta festinan agresiones y destrozos, por odioso que les resulte abrazan un falso dilema que ahuyenta simpatías y les produce un contrasentido.

Las mujeres que contemplan, las que permiten y las que participan del vandalismo, algunas todavía ufanándose con el “fuimos todas”, caen prácticamente en lo mismo que las mueve a protestar contra los “onvres” que no actúan para detener la violencia que les afecta.

Las que piden obviar estos actos vergonzantes y que al menor señalamiento se aglutinan con un cínico “que no nos dividan”, se convierten en cómplices de sus similares que, predeciblemente, habrán de defender o etiquetar como infiltradas.  

Lo que estas mujeres que curiosamente se sienten seguras quemándolo todo no entienden, es que no podrá haber tranquilidad si a cada grupo con demanda legítima se le permite recurrir a salvajismos que solo provocan más desorden.

Las mujeres y hombres violentos, merecen un trato acorde a las faltas que cometen.  

No es decoroso escudarse en sofismas como ese de que “les preocupan más las paredes” o en la ofensiva generalización de que todos los hombres por definición somos opresores y machistas.

A todos conviene desacreditar absurdos que solo a mentes pequeñas satisfacen: que se condene y se pida hacer respetar la ley no es sinónimo de represión ni mucho menos estar a favor de que las sigan matando.

Como tampoco es equivalente a respaldo y eficiencia que el gobierno les permita estas bestialidades.

También es una estupidez sugerir que con grafitis y vidrios quebrados se ganará consciencia y disminuirán acosos o violaciones.

Lamentar lo que ocurrió en Catedral ayer no nos pone del lado de los pedófilos; como tampoco anula nuestra capacidad de comprender la lucha de las mujeres víctimas de la violencia.

La actuación de quien se manifiesta y de quien regula nuestro comportamiento, debe pasar por una condición imprescindible para una convivencia socialmente civilizada: el respeto.     

Como padres y madres de familia, también tenemos la obligación de cuidar que nuestras hijas se preparen, destaquen y representen su género con el argumento del esfuerzo, la integridad y la capacidad.

Ayer, por ejemplo, mientras unas se sentían extasiadas, casi realizadas, porque mantuvieron en zozobra a decenas de personas atrapadas dentro de Catedral; llegaba un contingente de jóvenes mujeres que participaron en un ejercicio estudiantil de las Naciones Unidas en la Universidad de Arizona.

Decenas de alumnas sonorenses de secundaria y preparatoria (también acuden hombres) que por seis meses se concentraron en recibir talleres de oratoria, expresión corporal, liderazgo, inteligencia emocional, diplomacia, resoluciones.  

¿Cuántas de las que marchan ofuscadas o de las que interceden a ojos cerrados en redes sociales tendrán idea de esto o habrán alcanzado estos logros académicos formativos y que abren espacios sin necesidad de cuotas o de exigir privilegios?

Estas mujeres educadas, solventes e inteligentes, no se imaginan con la cara tapada, bichis, gritándole violador y pito chico a un hombre que las graba o pidiendo el aborto legal por fuera de una iglesia.

No es un problema de machismo, ni de inequidad o falta de sororidad… es comodidad, incoherencia y la inclinación de muchas feministas por la mediocridad.  

Aunque es cierto, por fortuna no todas son iguales.

Gracias y hasta la próxima con el favor   de Dios

Rodrigo Sotelo Mendívil

Director General Masmedio

Correo: rodrigosotelo@masmedio.com                                                                                                                               

Twitter: @masmedio



Compartir