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#LaColumna: Lilly perderá una elección, credibilidad y prestigio

#LaColumna: Lilly perderá una elección, credibilidad y prestigio

11 de Jan del 2018, Hermosillo, Sonora

Por Rodrigo Sotelo / Twitter: @masmedio

No alcanzamos a descubrir los verdaderos motivos e intereses que llevan a la periodista Lilly Téllez a exponerse como candidata de Morena al Senado de la República.

Como comunicólogo que ha seguido parte de su trayectoria, esta inesperada posibilidad nos genera un conflicto o confusión que ética y académicamente no puede ser explicarse, entenderse.

Lo que emprende esta dama es un contrasentido o, por lo menos, una mala concepción del compromiso social al que está obligado todo comunicador.

El ejercicio periodístico y la política conviven, sí, pero riñen y se combaten. No se mezclan. No puede surgir un ser iluminado que las concilie, muchos menos que las alterne sin alterar su naturaleza.   

El periodismo es un simple conducto para reflejar-descubrir realidades en servicio al ciudadano; la política es un instrumento inalterable para el objetivo único de ocultarlas.

Lo que nosotros hacemos tiene límites morales, atiende una misión colectiva de buena fe. No pretendamos darle a nuestro noble oficio o a los medios súper poderes democratizadores, de escarmiento o ilusionistas que solo corresponden al ciudadano enterado y participativo.  

Con todo respeto, Lilly se equivoca y se aleja del profesionalismo para atender una aspiración personal que más bien refleja un deseo oculto de poder político: ese enamoramiento al que se rinde quien no se explica tanta inmunidad y los inagotables recursos partidistas.

Lilly Téllez nunca podrá despojarse de esta fascinación ni de los afectos de Morena, una vez que los asuma como propios para representarlos en la boleta electoral del 1 de julio.

¿No tiene memoria periodística del fracaso histórico de casos similares? Un ejemplo: Ana Gabriela Guevara, que ahora la vemos aprovechando su status político y fama pública para acordar con gobiernos –de cualquier partido- y recibir privilegios y beneficios económicos.

¿Por qué Lilly Téllez sería distinta, si actúa igual? ¿O acaso piensa usar a Morena para nomás llegar y luego desligarse por razones de censura y opresión?

Igual sería deshonesto y la vía más cómoda para terminar significando una nulidad legislativa.

Una compartida decepción que la enfilaría al camino de la pulverización de su notable carrera en medios de comunicación.

-¿Por qué Morena?, se le preguntó.

-No me voy a afiliar al partido; me siento muy honrada de que me hayan considerado como externa, respondió titubeante.

¡Morena porque evidentemente simpatiza con ya sabemos quién! Y esa sola incontenible predilección desacredita y distorsiona sus futuras aportaciones periodísticas.

Esta deformación es parte del proyecto de este partido de izquierda que seduce y alquila medios y comunicadores críticos que manipulan y aprovechan el sentimiento antigobiernista cada vez más extendido.

Pero, en el caso específico de Lilly Téllez, ¿Por qué acceder y participar en esta estrategia sentándose al lado de personajes grises e inestables como Alfonso Durazo? ¿De Célida López, símbolo del padrecismo que ella denunció? ¿Del impresentable Jaime Moreno, del PT?

¡Qué necesidad de ponerse al nivel de actores de telenovelas, activistas frustrados y deportistas retirados!

Con la adhesión de Lilly Téllez, la generosa clase política reconoce el talento y nos invita a seguir cuestionándolos…

Porque a quien lo haga bien, tal vez un día le permitan ser como ellos.

Lo peor, Lilly Téllez perderá una lección, parte de su credibilidad y mucho de su ganado prestigio.

No son buenas noticias.

Gracias y hasta la próxima con el favor de Dios.

Rodrigo Sotelo Mendívil

Director General Masmedio

Correo: rodrigosotelo@masmedio.com                                                                                

Twitter: @masmedio



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