El diario The New York Times publicó un reportaje especial
sobre el cártel de Sinaloa y su líder, Joaquín “El Chapo” Guzmán, a
quien considera como uno de los capos más poderosos del mundo, quien
está frente a lo que puede ser la organización criminal más exitosa de
la historia. En el reportaje se combinan análisis sobre la historia del
capo y del cártel, las ganancias y las técnicas de la organización, así
como sus orígenes.
La publicación inicia contando uno de los últimos hechos conocidos en
la vida de “El Chapo”, afirmando que una tarde de agosto pasado, en un
hospital a las afueras de Los Ángeles, una ex reina de belleza llamada
Emma Coronel dio a luz a un par de herederas. Las gemelas que nacieron a
las 3:50 y 3:51, respectivamente, podrían heredar algo de la fortuna
que Forbes estima en mil millones de dólares. El esposo de Emma Coronel
no estuvo presente para el nacimiento, es un magnate legendario que
sobrellevó una infancia difícil en el campo para después establecer un
negocio multinacional muy exitoso.
Si Coronel eligió dejar en blanco el nombre del padre, no fue por
ninguna disputa por patrimonio, más bien temía por el hecho de que su
esposo, Joaquín Guzmán Loera, es el director ejecutivo del Cártel de
Sinaloa. Un funcionario del Departamento del Tesoro recientemente
descrito como el traficante de droga más poderoso del mundo.
La organización de Guzmán es responsable por alrededor de la mitad de
drogas ilegales ingresadas a Estados Unidos desde México cada año y
podría ser el criminal más buscado en el mundo después de la muerte de
Bin Laden. Pero su novia tiene ciudadanía estadounidense sin cargos en
su contra. Así que las autoridades sólo pudieron observar mientras ella
tomó a sus hijas y cruzó de regreso la frontera para presentarlas a su
papá.
Conocido como “El Chapo” por su corta estatura y fornida constitución,
Joaquín Guzmán tiene 55 años, lo que en “años narco” son como 150,
afirma el diario neoyorquino. El capo es también una figura casi mítica
en el país, sujeto de incontables corridos, y que ha sobrevivido a
muchos enemigos y cómplices, desafiando a la pelea con la muerte que
implica la vida de un traficante de droga, una carrera que es
resplandeciente pero breve y siempre termina en prisión o en la tumba.
Cuando se cumplieron los 55 años del nacimiento de Pablo Escobar, éste
ya tenía una década muerto. De hecho, de acuerdo con la DEA, el líder
del cártel de Sinaloa vende más droga que Escobar en lo más alto de su
carrera.
Hasta cierto punto, este éxito se explica fácilmente: como Hillary
Clinton reconoció hace varios años, la demanda insaciable de drogas
ilegales de su país es lo que dirige esta industria clandestina. No es
un accidente que el principal traficante de drogas y el principal
consumidor sean vecinos. “Pobre México”, recuerda el NYT que afirmaba
Porfirio Díaz: “Tan lejos de dios y tan cerca de los Estados Unidos.”
El cártel de Sinaloa puede comprar un kilo de cocaína en las tierra
altas de Colombia o Perú por dos mil dólares, luego observar cómo
aumenta su valor mientras hace el viaje hasta el lugar de venta, pues en
México ese mismo kilo se vende en más de 10 mil dólares y, si salta la
frontera hacia EU, la venta puede dar 30 mil billetes verdes.
Finalmente, si la repartes y distribuyes en paquetes más pequeños para
su venta minorista y el mismo kilo se llega a vender en 100 mil, es
decir, más que su peso en oro. Y es sólo cocaína. El cártel de Sinaloa
es el único de los cárteles mexicanos que está bien diversificado y bien
integrado verticalmente, produciendo y exportando además mariguana,
heroína y metanfetamina también.
Estimar el tamaño preciso del cártel de “El Chapo” es difícil, pues las
estadísticas de la economía “subterránea” es inherentemente
especulativa, pues los cárteles no hacen anuncios anuales ni un auditor
examina sus libros. Más bien, estamos en extrapolaciones y conjeturas
hechas con con información que ofrecen agencias gubernamentales que
pueden tener incentivos para sobredimensionar el problema.
Así que en un espíritu de humildad empírica, no deberíamos aceptar los
estimados como un coro del Departamento de Justicia, con cifras que
afirman que los cárteles mexicanos y colombianos cosechan de 18 a 39 mil
millones a través de la venta de drogas en Estados Unidos cada año. El
diario señala que tan sólo la existencia de este rango debería causar
una reflexión. Aún así, incluso si los números más pequeños, el cártel
de Sinaloa emerge como un jugador titánico en el mercado negro global.
En el sobrio cálculo de RAND Corporation, citado por el NYT, la ganancia
bruta de todos los cárteles mexicanos sólo por exportación de droga a
EU, suma sólo seis mil 600 millones de dólares. En casi todos los
estimados, aunque Sinaloa ha conseguido una partida de entre 40 y 60% de
este mercado, lo cual significa que “El Chapo” aparentemente logra
anualmente ganancias de alrededor de tres mil millones de dólares,
comparables en términos de ganancias con Netflix o Facebook.
La guerra contra el narco en México ha tomado más de 50 mil vidas desde
2006, pero lo que tiende a perderse dentro de la cobertura de este épico
baño de sangre es cuán efectivo se ha vuelto el negocio de las drogas.
Un estudio más de cerca al cártel de Sinaloa, basado en documentos de
miles de páginas de expedientes y registros de juicios y decenas de
entrevistas con traficantes de drogas presos y ex funcionarios mexicanos
y estadounidenses, revelan una operación que es global, activa en más
de 12 países, aunque muy ágil y, sobre todo, asombrosamente complejo.
El cártel de Sinaloa no solamente sobrevivió a la recesión, sino que
además prosperó en estos años. Y después de prevalecer en algunos de los
recientes enfrentamientos con numerosos muertos, controla ahora más
territorio en la frontera que nunca.
“El Chapo siempre habla sobre el negocio de las drogas, dondequiera que
esté”, afirmó un antiguo informante a un jurado hace varios años,
describiendo a un emprendedor impulsivo e incluso obsesivo con una
proclividad hacia la micro administración. Desde una remota montaña
donde se cree que está escondido, rodeado en todo momento por una
batería de hombres armados, “El Chapo” supervisa una red de logística
que es tan sofisticada en algunas cosas, como lo es aquella de las
empresas Amazon o UPS. Además, el diario neoyorquino afirma que en otras
cuestiones el cártel es doblemente sofisticado pues los traficantes
deben mover sus productos y sus ganancias en secreto, constantemente
maniobrando para evitar la muerte y el arresto. Como un espejo de un
negocio legal de mercancías, el cártel de Sinaloa hace recordar la vieja
actuación cinematográfica de Ginger Rogers en la que hacía los mismos
movimientos de Fred Astaire, sólo que al revés y en tacones. En su
longevidad, rentabilidad y enfoque, el cártel podría ser la empresa
criminal más exitosa de toda la historia.
El estado de Sinaloa, del cual toma el nombre la organización, se
encuentra apretado entre la Sierra Madre Occidental y la costa del
Pacífico mexicano. Caluroso y remoto, Sinaloa es la Sicilia mexicana,
pues ambas son la cuna y el refugio de hombres violentos y la tierra
ancestral de muchos de los más famosos narcotraficantes de México. “El
Chapo” nació en un pueblo llamado La Tuna, alrededor de la Sierra, en
1957. Su educación formal terminó en 3° de primaria, y ya como adulto,
supuestamente luchó por leer y escribir, e incluso tuvo que contratar a
un escritor para “componer” cartas para su esposa. Poco se sabe de los
primeros años del capo, pero para los años 80 se unió al cártel de
Guadalajara, el cual era dirigido por un ex policía conocido como “El
Padrino”, Miguel Ángel Gallardo Félix.
Por décadas, traficantes mexicanos han exportado mariguana cosechada en
casa y heroína a EU, pero mientras la cocaína colombiana llegó al boom
en los 80′s y las autoridades estadounidenses empezaron a patrullar el
Caribe, los colombianos fueron en busca de una ruta alternativa hacia
los Estados Unidos y descubrieron una en México. En un primer momento,
los narcotraficantes mexicanos, como hiciera el piloto Miguel Ángel
Martínez de 25 años, jugaron el rol de contratistas independientes que
recibían paga para mover su carga. En 1986, el cártel de Guadalajara
llevaba a Martínez al puerto colombiano de Barranquilla, con la
esperanza de que alguien lo comisionara a llevar drogas a México. Pero
Martínez no pudo encontrar a nadie y terminó en una espera de meses en
Colombia, preocupado por haber desperdiciado su gran oportunidad con el
cártel. Eventualmente, consiguió un vuelo comercial de regreso a México,
y pronto, supuestamente tendría una reunión con “El Chapo”, quien
entonces era un jefe menor en el cártel. “Te comportaste muy bien en
Colombia”, le dijo Guzmán, de acuerdo con el testimonio del piloto. El
capo parecía impresionados por la paciencia de Martínez en esa espera.
Habiendo pasado la prueba, Martínez inició el trabajo con Guzmán como
una especie de controlador de tráfico aéreo, negociando directamente con
los cárteles de Cali y Medellín, luego guiando sus vuelos con cocaína
desde Sudamérica a escondites secretos en México. Martínez sabía que
agentes de EU estaban monitoreando sus comunicaciones por frecuencias de
radio, así que más que usar palabras, silbaba señales a los pilotos
para que pudieran despegar.
Con la decadencia de la ruta caribeña de trasiego de drogas, los
colombianos empezaron a pagar a los traficantes mexicanos con cocaína en
lugar de dinero. Más que cualquier otro factor, fue esta transición lo
que reorganizó las dinámicas del poder entre los cárteles en todo el
continente, pues el cambio permitió a los mexicanos encabezar la
logística y dejar de ser intermediarios mientras invertían ahora en sus
propias drogas. En 1986, Martínez no podía aterrizar un vuelo como
repartidor en Barranquilla y en menos de cinco años estaba organizando
cientos de vuelos llenos de cocaína para “El Chapo”. “Algunas veces
conseguía cinco vuelos en una sola noche,” recordaba el ex piloto.
“Algunas veces 16.” Ahora eran los colombianos lo que se acercaban
humildemente a “El Chapo”, buscando no contratarlo para mover su droga
sino venderle a él directamente y daban propinas de hasta 25 mil dólares
a Martínez sólo para conseguir una audiencia con el capo.


