Las fuerzas de seguridad egipciasarrasaron el miércoles con un campamento de protesta en El Cairo donde se alojaban miles de seguidores del derrocadopresidente Mohamed Mursi y mataron a tiros a unas 200 personas, en el día más sangriento en décadas en el polarizado país.
Al menos 278 personas fallecieron en todo el territorio de la nación más poblada del mundo árabe, entre ellas 43 policías, en un hecho condenado fuertemente entre otros por Estados Unidos y la Unión Europea. Además un funcionario de salud reportó unos dos mil heridos.
La violencia se extendió más allá de El Cairo y los partidarios de Mursi y las fuerzas de seguridad se enfrentaron en las ciudades de Alejandría, Minya, Assiut, Fayoum y Suez, además de en las provincias de Buhayra y Beni.
2, 000personas resultaron lesionadas tras el estallido de violencia en varias ciudades egipcias
El movimiento Hermanos Musulmanes de Mursi dijo que el número de víctimas era mucho mayor y describió la acción de los militares como una «masacre».
Mientras cadáveres envueltos en alfombras eran trasladados a una morgue improvisada en la mezquita de Rabaa al-Adawiya, el Gobierno egipcio respaldado por las Fuerzas Armadas declaró un estado de emergencia de un mes, restaurando la autoridad militar que mantuvo por décadas antes de la revolución a favor de la democracia en el 2011.
El ministro del Interior, Mohamed Ibrahim, informó que las fuerzas de seguridad tomaron control total de dos campamentos de protestas en El Cairo y que no tolerarán ninguna otra manifestación de este tipo. A la vez prometió restaurar la seguridad al estilo del régimen de Hosni Mubarak.
El primer ministro, Hazem el-Beblawi, defendió el uso de la fuerza, diciendo que las autoridades no tuvieron más opción que actuar para poner fin a la «expansión de la anarquía».
Las autoridades impusieron un toque de queda en El Cairo y varias otras ciudades, entre ellas Alejandría
La violencia obliga a tomar duras decisiones a los aliados occidentales de Egipto, especialmente a Washington, que financia a las fuerzas militares del país africano con 1.300 millones de dólares al año y que se ha rehusado a calificar la expulsión de Mursi como un «golpe de Estado».
La Unión Europea y Turquía, que tiene una fuerte influencia en Oriente Medio, también emitieron declaraciones similares a las de Estados Unidos de condena contra las fuerzas armadas egipcias.


