Con un abstencionismo de 57.3 y 53.8 en las pasadas dos elecciones para gobernador –2005 y 2011–, el estado de México se coloca entre las entidades con menor participación al renovar al Ejecutivo estatal, por abajo del promedio nacional. La participación electoral de los mexiquenses oscila entre 10 y 13 puntos por abajo del promedio en comicios similares de otros estados, acentuándose especialmente en los ayuntamientos de la zona conurbada de la ciudad de México.
La escasa participación coloca a las estructuras partidistas con una mayor incidencia en el resultado de las elecciones, como sucedió hace seis años: “El triunfo de Eruviel Avila, con márgenes superiores a lo esperado tiene varias explicaciones. Una de ellas es que refleja la cantidad de recursos gastados por su partido (…) sin embargo, la cifra más contundente de esa elección fue la abstención, reflejo del rechazo social a las formas de operar de partidos y gobierno”, advierte un estudio de Gabriel Corona, publicado por la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM).


