La Asamblea General de la ONU designó ayer al portugués António Guterres como nuevo secretario general de las Naciones Unidas, en una apuesta a un liderazgo más reformista y de mayor perfil al frente del organismo mundial.
Por aclamación, los 193
Estados miembros de la ONU adoptaron una resolución que designa al exprimer ministro de Portugal y exalto comisionado de la ONU para los Refugiados, como nuevo jefe de la diplomacia mundial a partir del próximo enero y por cinco años.
Guterres, de 67 años, reemplazará al sudcoreano Ban Ki-moon, un diplomático de bajo perfil que dirigió la ONU durante una década.
En público o entre bambalinas, en la ONU sólo se escuchan alabanzas al extrovertido Guterres, que parece llevarse bien con todo el mundo y posee grandes dotes como mediador.
Se espera que el portugués dé un cambio de rumbo a la organización, en un momento de gran ansiedad mundial por la guerra en Siria, la crisis de refugiados y los conflictos en Yemen y Sudán del Sur.
Guterres prometió trabajar como “un mediador, un constructor de puentes y un agente honesto” entre las partes para lograr acuerdos que beneficien a todos los involucrados.
“En los últimos 10 años he sido testigo de primera mano del sufrimiento de las personas más vulnerables en el planeta. He visitado zonas de guerra y campos de refugiados donde uno se pregunta legítimamente qué ha pasado con la dignidad de la persona humana. ¿Qué nos ha tornado inmunes al apuro de los más desprivilegiados?”, dijo Guterres ante la Asamblea General, en su primer discurso tras su designación, que pronunció en inglés, francés y español.
El diplomático llamó a las grandes potencias a superar sus divisiones sobre Siria, ante la proximidad de nuevas discusiones internacionales sobre el conflicto que ha dejado ya más de 300 mil muertos y empujado fuera del país a millones de sirios desde 2011.


