George Johannesen, un canadiense de 59 años, totalmente sano, se enteró de su presunta muerte a través de su aseguradora.
Johannesen llevaba su vida normal hasta que hace una semana recibió una carta de la compañía de seguros Manitoba Public Insurance que informaba que su licencia para conducir había sido cancelada tras su muerte en octubre.
Hasta el momento no hay ninguna explicación de por qué se dio dicha confusión, pero las consecuencias podrían ser graves, pues su licencia de conducir ya no es válida, sin ella ya no puede ingresar a Estados Unidos como lo tenía previsto para las fiestas decembrinas y podría incluso dejar de recibir su pensión y otros beneficios del Gobierno.
«No entiendo cómo pudo pasar esto», dijo el afectado. «Para que yo esté declarado muerto, alguien debió haber presentado un certificado de defunción. Para que alguien haya obtenido eso, supongo que debí haber muerto por ahí de octubre».
Johannesen ahora está lidiando con la compañía de seguros para ver cómo solucionarlo, lo cual parece que demorará, pues ni la misma empresa sabe cómo se originó la confusión.


