“Mi hijo viene a ser uno de los miles de muertos de esta guerra, es muy triste, lo vivo en carne propia…es un momento muy difícil, no se lo deseo a nadie…”, exclamó el ex gobernador Humberto Moreira Valdés, minutos antes de sepultar a su hijo José Eduardo.
“Lo que pido es justicia, platiqué con el secretario de Gobernación. Soy un padre más que sufre, no soy el único… es mi hijo, y es muy doloroso”.
Miles de personas se congregaron en la misa de cuerpo presente y el panteón para darle el último adiós a José Eduardo, quien el miércoles fue ejecutado.
Con lágrimas en el rostro, pero aún fuerte en su aflicción, pidió: “Tiene que cambiar esta guerra, la solución tiene que ser distinta. Debe ser a través de la educación, del empleo, de las oportunidades, esto es muy doloroso a mi hijo le dieron dos balazos en la cabeza”.
Reprochó la guerra que –dijo– se libra desde hace años contra la delincuencia “deben investigarse los hechos violentos, balaceras y matazones que ha habido en los últimos meses aquí en el norte”.
“…he estado desde ayer llorando a mi hijo, tengo que reunirme con el secretario de Gobernación. Obviamente la forma en que lo mataron implica un dolo, un abuso que se comete contra un inocente y tengo que superar primero esto, abocarme a investigar y a que se castigue a los responsables de acuerdo a la ley”.
“Ayer –miércoles–, 15 minutos antes que se perdiera contacto con él, me escribió un mensaje, quedamos de vernos el sábado en Saltillo. Muchas veces le dije que se quedara allá y él quería venir a Acuña, la tierra donde creció de niño y estaba enamorado de Acuña, por eso lo enterramos aquí”.
El ex dirigente nacional del PRI aseguró vivir los momentos más tristes de su vida.
“Era un muchacho que vivía modestamente, que trabajaba con los pobres, y le dieron muerte. Voy a confiar en que se alcance la justicia… vivo un momento muy triste, habrá momentos de hablar.
“He aguantado muchas cosas, he aguantado calumnias, engaños, que la gente hable sin saber, pero esto no se puede aguantar; mataron a mi hijo, le dieron dos balazos en la cabeza unos desgraciados”, expresó al salir de la Iglesia Guadalupe rumbo al panteón.


