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#LaColumna: La necedad de sentirse cerca del Presidente

Por Rodrigo Sotelo


No hace mucho hicimos un análisis de la pugna interna en el PRI Sonora entre los aspirantes con posibilidades reales de recuperar para este partido el control del Gobierno estatal.


Se trató de un texto ciertamente algo somero, discutible como cualquier opinión, pero con la debida observación periodística para mover a la reflexión que ayude al entendimiento de la actuación política.


Concluimos que existen visos de una avanzada transición generacional, y nos atrevimos a profetizar que la concreción de esta metamorfosis partidista será comprobable con los resultados del procesos electoral del 2015.


Se terminan de ir los priistas dinosáuricos, esos que sin importar acumulación de primaveras son igual templados, tibios, tanto como arcaicos o tradicionales, en extremo convencionales, de hablar pausado y posado.


Y llega a consolidarse la nueva casta que ya destaca y se caracteriza por entusiasta, tendiente a la proactividad imaginativa, con audaz energía y capacidad suficiente para suplir experiencia por talento y determinación.    


De la senadora Claudia Pavlovich Arellano hemos dicho que es una mujer exitosa, que consigue sus objetivos y que representa  el perfil con los atributos indispensables para generar confianza en sus protectores.


Del director de ProMéxico, Ernesto De Lucas Hopkins, sostenemos que cada día se afianza más como el sonorense con las relaciones de mayor peso en el País, incluida su conocida proximidad con el presidente Enrique Peña Nieto.


Antonio Astiazarán Gutiérrez, diputado federal, es un tipo inteligente, además de que también puede presumir apoyos significativos a nivel nacional, lo que le otorga la etiqueta de serio competidor.


Pero es en Ernesto Gándara Camou en quien queremos concentrarnos, por ser un personaje en quien recurrentemente encontramos manifestadas las características del político anacrónico.


La presunción es en base a los hechos recientes y con fundamento en el pasado inmediato.


Actualmente, percibimos que el Senador entró en una sorda lucha al interior de su partido para revertir la imagen negativa que de él se tiene y está sumido en la necedad de intentar moldear mediáticamente una relación presidencial inexistente.


 Esta batalla la tiene perdida de antemano Don Ernesto Gándara.


A mediados de noviembre del año pasado, expusimos aquí una especie de montaje armado para medios a raíz de un inducido encuentro en evento público entre Gándara y el Presidente Peña Nieto.


Cuando los operadores de Ernesto quisieron hacer creer que Peña lo había llamado para felicitarlo por su trabajo en la Comisión del Trabajo, siendo la realidad que el ex Alcalde de Hermosillo se le pegó a Emilio Gamboa para presenciar como oyente los detalles de la reforma que le dio más atribuciones a la Secretaría de Gobernación.


Fue la primera manifestación de necesidad de notoriedad en la naciente era del peñismo y de que se creyera la existencia de un afecto imaginario.


El pasado sábado, el equipo de comunicación de Ernesto volvió a recurrir a esta errante estrategia que les desnuda la desesperación de no encontrarse en los ánimos del Presidente.


En una Fotonota –evidentemente no había más elementos para algo de mayor extensión-, presumen que en el marco de la reunión plenaria de la fracción priista en la Cámara de Senadores, “Gándara Camou tuvo oportunidad de dialogar con el Presidente de la República, Enrique Peña Nieto”.


Y no sólo eso, resulta que en un saludo de cinco segundos “intercambio impresiones sobre la labor legislativa, ocasión que el legislador sonorense aprovechó para externarle su apoyo en el impulso a las reformas de fondo que requiere México”.


Nadie tiene duda de que si el Presidente va a ver la aprobación de alguna reforma, lo hará directamente con Manlio Fabio Beltrones Rivera y Emilio Gamboa. No necesita más, se entiende.


Ernesto Gándara tiene otras cualidades que no han sabido explotar con sensatez, y más bien parecieran extraviados en mostrar sus debilidades, tal vez vencidos por alguna incontrolable obsesión de imitar a sus contrarios.


Para legitimar la fortaleza electoral que se presume tener, no debería ser necesario recurrir a la mentira.


Si realmente pretende ser el candidato que una a los priista, Ernesto tiene que entender que sólo liberado de la presión de no sentirse cerca del Poder, como no lo está, puede realmente ejercer liderazgo.


Gracias y hasta la próxima con el favor de Dios.


 


Rodrigo Sotelo Mendívil


Director General Masmedio


Correo: rodrigosotelo69@hotmail.com 


Twitter: @masmedio

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