Por
Rodrigo Sotelo / Twitter: @masmedio
Con base en información auténtica, dolosamente ocultada,
ayer se reavivó el debate sobre la conveniencia de expulsar o no de los cuatro diputados del PAN que votaron a
favor de la aprobación del presupuesto de egresos y la ley de ingresos para el
Estado.
Recordemos, en el paquete presupuestal se incluyó
refinanciar deuda estatal y municipales, así como el incrementar la tarifa de
agua en Hermosillo, entre otros aspectos que causan escozor y que, se entiende, son producto de una errática
administración heredada.
En redes sociales, corrió la información sobre la expulsión de Carolina Lara Moreno, Lisette
López Godínez, Sandra Hernández
Barajas y Manuel Villegas Rodríguez,
este último integrado a la fracción del PAN, sin estar afiliado a este partido.
Hay una particularidad que desde el inicio se deslindó: a
los señalados se les habría sacado del grupo parlamentario; aunque no perdían derechos como militantes
activos del PAN.
Desde el área de Comunicación Social de la fracción
panista, ensayaron una improvisada y débil
negación del hecho que, periodísticamente, había sido descubierto.
Luego, habrían de oficializar mediante comunicado
argumentando “pérdida de confianza y
ausencia de solidaridad con la bancada”.
Ahora bien, soportados en nuestras fuentes indudables podemos asegurar que las tres damas y el
guaymense, fueron echados de la fracción para
que ellos solitos renuncien y que
el operador de esta depuración fue Luis Serrato Castell.
Hay dos teorías
sobre la motivación de Luis Serrato,
actual presidente de la diputación permanente en el Congreso del Estado.
Una, y que genera absoluta coincidencia en quienes
influyen y toman decisiones tanto en el Comité Ejecutivo Estatal como en el
Comité Ejecutivo Nacional, se refiere a la necesidad de castigar la indisciplina para revalorizar la autoridad de la
dirigencia y la coordinación.
Aquí, se incluyen consideraciones de confiabilidad partidista, conveniencia
política y practicidad legislativa.
Es decir, optan por estimar la unificación en objetivos y solidez discursiva que ofrecen nueve,
y no la simulación que representa
mantener a los trece, agraviados e insalvablemente enfrentados.
Dos, una lucha
sorda al interior sobre el control de la mayoría de diputados (as) en el
Grupo Parlamentario, entre Serrato y el coordinador Moisés Gómez Reyna.
Esta última teoría, la más cierta –aunque menos
conocida- y que se esconde en la
justificación de sancionar la traición.
Es una lucha improductiva de poder en lo familiar, no necesariamente un aviso
de radicalización opositoria.
Esto es, no creemos que esta demostración de Serrato
anuncie una etapa de parálisis
legislativa o la imposibilidad de negociación para temas trascendentales con
el Gobierno del Estado.
Tenemos la sensación de que Luis Serrato es un político agudo y con el suficiente
pundonor para no caer en estridencias y ofrecer un antagonismo responsable, constructivo.
De Moisés Gómez
Reyna no tenemos duda de que, si bien cuida su liderazgo y hasta pensó en
perdonar a los rebeldes, es un político inteligente con el atributo de
la institucionalidad y que antepone el beneficio colectivo.
En cuanto al peso como fracción, luego de lo ocurrido con
la votación del presupuesto 2016 la apuesta obligadamente debe ser a la calidad, a la congruencia, a la consistencia,
nunca otra vez a la cantidad.
Por lo demás, es legítimo que Moisés y Luis Serrato
practiquen el valor de la democracia
interna.
Gracias y hasta la próxima con el favor de Dios.
Rodrigo
Sotelo Mendívil
Director
General Masmedio
Correo: rodrigosotelo69@hotmail.com
Twitter:
@masmedio


