Por
Rodrigo Sotelo / Twitter: @masmedio
Al diagnóstico escalofriante que presenta la gobernadora Claudia Pavlovich Arellano y su Secretario
de Salud relativo a la posibilidad de epidemia
por dengue, debe acompañársele del deslinde
de responsabilidades y la imposición
de las sanciones correspondientes.
Se sobreentiende que la actual administración concentra
recursos, humanos y económicos, en la atención de la contingencia epidemiológica, como ayer lo expresaran con precisión la
gobernadora y el secretario Gilberto
Ungson Beltrán.
En conferencia de prensa, la gobernadora Claudia Pavlovich informó que las
posibilidades de una epidemia masiva son del 30 por ciento, por lo que delineó acciones inmediatas para hacer
frente a este problema de salud pública.
“Estamos listos
para enfrentar esta contingencia; como siempre hay que hacer las cosas,
enfrentarlas y decirle a los sonorenses las cosas como son”, apuntó.
Los municipios con mayor peligro de la presencia de una
epidemia de dengue son: Hermosillo,
Guaymas, Empalme, Cajeme y Etchojoa.
La gobernadora llamó a los sonorenses a involucrarse y
ayudar con acciones de limpieza en sus casas, en sus centros de trabajo y en
las escuelas de sus hijos para detener esta amenaza a la salud pública.
Lo revelador, es lo que se informó sobre la falta de trabajo en prevención y manejo
de la información del anterior gobierno, que evidentemente fue omiso ante esta situación que hoy pone
en peligro a los sonorenses.
No es cosa menor, más bien, es gravísimo lo que se avisa
por lo que esta situación no puede
quedar impune.
El causante de esta negligencia que pondría en riesgo a
cinco mil sonorenses, es el ex secretario de Salud, Bernardo Campillo García.
Este ex funcionario que tuvo la característica de generar
un repudio unánime, habría incumplido con la obligación institucional de
implementar políticas públicas que ayudaran a proteger o preservar la salud de
los sonorenses.
Campillo
falló sistemáticamente y este documentado desinterés merita
consecuencias, incluso, penales.
Notorio, además, el cambio de estilo en el manejo de este
tipo de crisis: la apatía propia de un incompetente
Bernardo Campillo que ocultaba para o escandalizar, es opacada por la diligencia y la transparencia con que actúa de inicio el doctor Ungson.
Aquí siempre hemos dicho, por lo que coincidimos
plenamente con la gobernadora, que para el tema de la salud pública no hay acción
o decisión que resulte exagerada.
Claudia
llama a hacer equipo
En este sentido, igual sirve para el contraste el
constante esfuerzo por unificar, por propiciar la participación de todos, que
hace la gobernadora Claudia Pavlovich.
Esto escribió ayer en redes sociales:
Hay
muchos problemas urgentes que atender en #Sonora solicito su apoyo. Sociedad
civil, medios de comunicación. Necesitamos hacer equipo.
Ahora se percibe sensibilidad en el gobierno del Estado.
Inicia
mal la “reconstrucción”
La lluvia efectivamente no provoca caos en Hermosillo –como
lo consigna en boletín la autoridad policíaca-; lo que desquicia el tránsito
vehicular son los hoyos o desniveles que ésta ocasiona en el deteriorado
pavimento que recubre algunas –no todas-de las vialidades de la ciudad.
En un exceso que parece consistente con la política demagógica
del nuevo gobierno municipal, el director de Tránsito de Hermosillo declaró que
“fue poca la afectación vial que dejó la
lluvia en la ciudad”.
Luego, para ilustrar lo contrario a lo que se informaba
(¿?), el jefe policíaco enlistó parte de los saldos registrados por seguridad
pública: cierre de circulación en bulevar Colosio, árboles derribados
obstruyendo vialidades, semáforos sin funcionar y accidentes viales.
Lo de este comandante que no dimensiona el malestar de
todo automovilista que vive un absoluto caos cada que toma el riesgo de manejar
durante o luego de una lluvia, es sintomático del aturdimiento que se observa
en el propio alcalde Manuel Ignacio Acosta Gutiérrez.
La realidad es que la capital está colapsada y nuestras
autoridades rebasadas.
Lo que vemos en las calles es un reflejo de corrupción, negligencia
e incapacidad. No son las lluvias, en eso se coincide.
El caos lo provoca nuestra clase política, donde se
incluyen los que ahora no pueden reconstruir Hermosillo y los que ya se fueron
dejándolo destrozado.
Nada más explicativo que ver al Presidente Maloro Acosta tapando un bache en la
colonia Altares, durante el inicio de la “reconstrucción”,
y al día siguiente ver esa misma calle deshecha por las lluvias.
“Por eso vamos a reparar las calles con la
mejor calidad, para no volver a tener esos cráteres y esos hoyos que hoy todos
sufrimos«.
¿Se trata o no de las lluvias? ¿Ya no volvería a suceder?
¿Y la calidad en el recarpeteo?
A Maloro le
heredan una tarea complicadísima y el deseo es que le vaya bien, aunque el
interés por el beneficio colectivo no significará nunca sumisión periodística ni
tolerancia a la mentira y simulación gubernamental.
¿Y
la Milla Norte?
Con profunda decepción constatamos el abandono y lo
deteriorado que se encuentra el proyecto Milla
Norte que impulsó y promocionó la administración del ex alcalde Alejandro
López Caballero.
Algo ocurrió pero este complejo deportivo que aprovechaba
espacios en desuso a lo largo de la acera norte del bulevar Progreso, se redujo
a unos cuantos metros que aún se mantienen habilitados para caminar o hacer
ejercicio.
Alguien planeó mal o alguien se ocupó en tronar esta buena idea.
Le preguntaremos a Marcos Noriega Muñoz o al propio López
Caballero.
Gracias y hasta la próxima con el favor de Dios.
Rodrigo
Sotelo Mendívil
Director
General Masmedio
Correo: rodrigosotelo69@hotmail.com
Twitter:
@masmedio


