Por
Rodrigo Sotelo / Twitter: @masmedio
Leímos las múltiples muestras de fraternal solidaridad
que, con incisivo y emocional esmero, activistas, opositores políticos y
ciertos comunicadores, expresaron a Silvia Núñez Esquer, una dama feminista que
se sintió atacada por el semanario Primera
Plana.
Tal vez el tema esté ya muy comentado o, incluso, incumba
solo a un par de actores que chocaron enarbolando derechos, recordando libertades y hasta reclamando agresiones
de quien comunica u opina.
No acostumbramos involucrarnos en asuntos donde no se nos
señala o invita, pero haremos una excepción porque nos interesa y porque este
caso refleja a todos los que ejercemos alguna actividad informativa.
Además de permitirnos la oportunidad para establecer, creemos,
las diferencias entre el periodismo-activismo casi militante, de odio, y el que
se desempeña sí con arrojo, pero con obligada responsabilidad, equilibrio y
prudencia.
Hagamos un somero recuento, para aportar varios puntos
concluyentes que nos parecen indispensables.
En el semanario del maestro
Francisco Javier Ruiz Quirrín, apareció una columna de Martín Romo sobre la
labor de la señora Silvia Núñez contra el feminicidio, y en la cual le lanza
conceptos como el de “agitadora mayor”.
Romo considera que la petición de Núñez (“y sus malas compañías”) para una declaratoria
de alerta de violencia de género contra las mujeres en Cajeme, es una “grilla” que se basa en “mentirillas” y que se reduce a un “señalamiento mediático”.
Como aludida, Silvia Núñez hizo circular una carta
firmada por la Red Nacional de
Periodistas dirigida a la gobernadora Claudia Pavlovich Arellano, con
dedicación absoluta a Quirrín y sus empresas, y en donde se cuestiona la
calidad del trabajo y los ingresos económicos del reconocido periodista y conductor.
Incluso, se le pide a la mandataria “que sea suspendido de inmediato el contrato que se tiene con el medio
semanal impreso Primera Plana, así como (con) el medio digital…”.
De inmediato, al unísono, Silvia Núñez fue secundada y
respaldada –entre otros y otras- por Guillermo Noriega (dedicado a la
transparencia y a integrar consejos
ciudadanos inútiles), María Elena Carrera (comentarista de radio), Leticia
Cuesta (Sonora Ciudadana), así como por el colega Luis Alberto Medina.
Al maestro Ruiz
Quirrín le pareció que esta coincidencia probaba la mala fe contra Primera Plana y que fuerzas políticas
motivan a organizaciones civiles a lanzarse contra medios de comunicación en
Sonora.
Mientras que quienes le debatían en redes ponderaran el
respeto a Silvia Núñez que se sintió ofendida, la falta de autocrítica del medio
y la necesidad-obligación de disculparse “porque
siempre tira y esconde la mano en sus columnas”.
Ahí están los tuits para quien quiera consultarlos.
Ahora bien, nos parece legítimo el reclamo de Francisco
Javier Ruiz Quirrín al decirse denostado por quienes se creen dueños de la verdad y aplauden un
impulso (tal vez, también legítimo) que, cómodamente, presentan como apoyo a una activista social, jamás como
un ataque –ajá-.
Tampoco vemos un debate de ideas. Lo que se registró fue
una defensa a ultranza cargada de prejuicios y dramatizaciones, en desahogo –tal
vez- de animadversiones personales y que solo se justifica en la necesidad de
notoriedad.
No hay rígor ni sensatez, se advierte una causa contra el
medio y el periodista; superior al supuesto perjuicio de la dama señalada que
priorizan sus partidarios ideológicos.
Como columnista al margen –ya no tanto-, advertimos dos
componentes: el de los excesos a los que acuden con mucha frecuencia asociaciones
civiles –un derecho que excusan en la
causa-, y el de los apoyadores y comunicadores que replican en automático y como
servicio social.
Las agrupaciones civiles o los ciudadanos que se
manifiestan y expresan, no siempre tienen la razón.
También se equivocan, manipulan, lucran y conviven con eso
mismo que dicen repudiar.
Como ocurre con el periodismo, sobre todo de opinión, los
juicios de las asociaciones civiles no pueden presentarse como totalitarios o
como un reflejo fiel e incuestionable de la realidad.
Quienes nos dedicamos a informar y opinar, también con la
subjetividad y la crudeza que conlleva, tenemos los mismos derechos, riesgos y
responsabilidades.
¿Qué pensaría o diría la Red Nacional de Periodistas, si algún medio –el que sea-
emprendiera campaña para identificar e impedir el acceso a los recursos –de donde
vengan, siempre lícitos- con que opera, y nomás porque éste –el medio- se
sintió golpeado por una fuerte crítica
al contenido que maneja?
Si no de género, lo que se intenta contra el maestro Quirrín y el semanario Primera Plana, se llama violencia de gremio.
No se vale, no es relevante y no hay elementos.
Gracias y hasta la próxima con el favor de Dios.
Rodrigo
Sotelo Mendívil
Director
General Masmedio
Correo: rodrigosotelo@masmedio.com
Twitter: @masmedio


