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Fin de una era para Kobe Bryant en el basquetbol

LOS ÁNGELES

En Italia, donde su padre Joe Bryant, Jellybean, pasó la mitad de su carrera como basquetbolista, Kobe (Filadelfia, 1978) era portero y vestía la camiseta del Milán, casi siempre con el 24. Jugaba en esa posición principalmente por dos razones: no sabía controlar el balón y tenía los brazos largos. Aunque mejoró con la práctica, nunca se le dio tirar con los pies; o bien se equivocaba en la salida o propiciaba goles en contra.

Creció apoyando al equipo rossonero, a pesar de los viajes que hacía lejos del Estadio Giuseppe Meazza. Kobe enrollaba los calcetines largos de su padre, mientras éste competía en la Liga italiana. Iba de pueblo en pueblo, con maletas listas, sin tener tiempo de hacer amigos. Admiraba a Frank Rijkaard, pero después pasó lo mismo con Ronaldinho.

Al poco de su regreso a Estados Unidos, el futbol quedó un poco de lado. Kobe, que aprendió pronto a hablar italiano, ingresó al Instituto Lower Merio de Ardmore, en Filadelfia, y empezó a verse ganando partidos con remates imaginarios. No se conformó con competir. Su obsesión fue siempre la de igualarse con Michael Jordan, uno de los mejores jugadores en la historia de la NBA.

En Ardmore, logró ser el máximo anotador del equipo de basquetbol con dos mil 883 puntos, superando la marca de Wilt Chamberlain (dos mil 359). En promedio, sus números marcaron 30.8 puntos por partido, 12 rebotes y 6.5 asistencias.

Tras el draft de 1996 y la cesión de los Hornets de Charlotte, en un cambio por Vlade Divac, Kobe llegó a Los Ángeles con Los Lakers. Allí empezó la entrada al túnel -mencionada en su carta- que hoy poco a poco termina.

Ganó cinco anillos (2000, 2001, 2002, 2009 y 2010), un MVP de la fase regular (2008), dos MVP de las finales (2009 y 2010), 11 presencias en el quinteto ideal y 17 en el Juego de Estrellas, además de dos oros olímpicos con la selección de Estados Unidos.

Para Phil Jackson, entonces su entrenador, Kobe era un jugador “imposible de entrenar”. Lo explicó, después, en su libro Once Anillos: “Tuvo dificultades para aceptar el triángulo y a menudo hizo lo que le dio en gana. Yo había vivido esa misma situación con Michael, pero Kobe, que acababa de cumplir 21 años, no era tan maduro”.

La compañía de Shaquille O’Neal y Pau Gasol, en diferentes épocas, así como de otros como Derek Fisher y Caron Butler, sirvió para dirigir el carácter egocéntrico y presuntuoso de Kobe, que fue herencia de su padre.

Su última gran alegría fue superar la marca de Michael Jordan en cuanto a puntos anotados (32 mil 292). Kobe tardó más tiempo, pero lo hizo posible.

Ahora, su cuerpo ha dicho basta después de 20 temporadas. Será difícil de alcanzar los 38 mil 387 puntos de Kareem Abdul-Jabbar o los 36.928 de Karl Malone. Pero, aún así, el reconocimiento lo tiene. Se irá el 13 de abril próximo, contra el Jazz de Utah.

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