China se abrió al mundo en 2008 para enseñar su poderío económico. En
esos mismos juegos el taekwondo mexicano mostró jerarquía y tuvo los
mejores resultados de la historia con dos medallas de oro. En la
piscina, conocida como el cubo de agua, Paola Espinosa y Tatiana Ortiz
fueron las primeras mujeres en llegar al podio en clavados.
Los dos oros colocaron al país como el segundo más exitoso de esa
edición olímpica, sólo detrás de Corea del Sur, el país que inventó este
deporte y que ganó cuatro.
El primer metal fue del michoacano Guillermo Pérez (-58kg), un
veterano que rescató el combate de primera ronda en el alargue y luego
superó, en la final, al competidor dominicano Gabriel Mercedes también
en tiempo extra.
“Desde que era niño vi que William de Jesús ganaba medalla, Víctor
Estrada daba resultados, siempre hubo triunfos en nuestro deporte, eso
yo lo traía, sabía que si iba a un evento como este iba a hacer más de
lo que ellos lograron”, afirma Pérez, ahora retirado.
“Cuando gané la semifinal fue muy bonito, sabía que había hecho
historia al estar en el podio. Llegó Pedro Gato y me dijo ‘no hemos
ganado nada, tienes que concentrarte”, evoca el mexicano a casi cuatro
años de la hazaña.
Tres días después era el turno de María Espinoza, quien llegaba con
el estatus de campeona mundial un año antes. La sinaloense dominó a
todas las rivales que se le pusieron enfrente, un oro más sencillo de lo
esperado.
“El gran momento de los juegos fue la final, cuando gano la medalla
de oro, cuando tocan el Himno”, manifiesta Espinoza, quien en Londres
espera ser la primera mujer que gane dos medallas en Juegos Olímpicos
consecutivos.
Espinoza y Pérez, entonces eran dirigidos por José Luis Onofre. Hoy,
tras malos resultados en el Mundial de 2011, ella decidió desligarse del
equipo e irse a entrenar con el cubano Pedro Gato, quien en 2008 era
preparador físico y a quien le atribuye haberla preparado para Beijing.
En la serenidad del retiro, Guillermo Pérez defiende el trabajo y liderazgo que Onofre mostró en 2008.
“Para generar todo ese ambiente de armonía tuvo mucho que ver que
estuviera José Luis Onofre. El entrenador no sólo dice qué patada tirar,
sino el que te pregunta cómo estás, va más allá del entrenamiento. Es
tu amigo, consejero”, afirma Pérez.
“Gato hizo una muy buena preparación física, nos daba una que otra
instrucción, consejos; pero con quien yo me entendía era con Onofre,
siempre hubo mucha confianza”, remata.
Los números mexicanos en el medallero se completó con el bronce
obtenido por Paola Espinosa y Tatiana Ortiz en la prueba de clavados
sincronizados desde la plataforma.
“El sueño de toda mi vida era ser medallista olímpica. Eso quedará en
la historia de México y mi memoria por siempre”, recuerda Paola. “Me
puse feliz mucho tiempo, fue en Beijing, en el país de mi entrenadora,
con su familia que fue a vernos y se dio cuenta que nosotros fuimos las
primeras clavadistas mexicanas en ganar una medalla olímpica”, afirma
Paola, que en Londres buscará la presea individual.


