Creció Luis García en Valdebebas, las instalaciones del Real Madrid,
pero nunca pudo jugar un partido oficial con el primer equipo.
Se hizo adulto idolatrando a Raúl González, figura longeva y
patriarca de todos aquellos que surgieron tras él, y desde que usó la
razón, se maravilló con el mexicano Hugo Sánchez.
Su momento más álgido lo tuvo en 2007, cuando tras una lesión de
Fernando Torres, fue llamado junto a Roberto Soldado por Luis Aragonés a
la
selección absoluta con miras a la Eurocopa de Austria y Suiza.
El resultado: Torres hizo el gol del campeonato en Viena y Luis
García festejó frente al televisor con los sentimientos encontrados por
no poder continuar en el selectivo de la furia.
Su vida de cualquier forma ya había dado un giro radical en su forma
de entender el juego cuando el gol pasó a ser el centro de su universo
con el Espanyol, en donde definitivamente tuvo su despunte.
Oriundo de un pueblo minero como Asturias, fue comparado varias veces
con David Villa, sin que pudiera alcanzar el brillo de aquel, pero Luis
García escribió su historia como la vida le dio a entender.
La mala suerte y los extranjeros le taparon siempre el portón de luz
que veía a lo lejos cuando suspiraba en el Real Madrid. Enredado, se
marchó en 2003 al Murcia, con el que vivió el descenso y luego pasó al
Mallorca con la difícil encomienda de suplir a Samuel Eto’o quien
acababa de fichar por el Barcelona.
“Después de suplir a Eto’o, me quedan muy pocos retos deportivos por cumplir”, señaló en cierta ocasión el delantero.
García no podía quitarse la imagen de un gran ariete sin suerte en
los huesos, pero la educación recibida en las inferiores del Real Madrid
le enseñó a nunca quejarse del destino.
“Casi todos los muchachos que surgen de la cantera blanca son
extraordinarios, más como personas que como futbolistas, y de Luis
García no hay duda alguna”, dijo alguna vez Vicente del Bosque sobre él,
pero jamás lo consideró para la selección nacional.
Los compañeros de equipo le apodan el Radio, porque no consigue
callarse nunca en el campo, fuera de él, es silencioso pero dentro,
durante la alta demanda física, no cesa de hablar, según reveló alguna
vez para El País, artimaña que aprendió de su otro ídolo, antes que
Raúl, Hugo Sánchez, delantero que triunfó en el Real Madrid y al que
podrá saludar cuando Tigres juegue contra el Pachuca.
Ernesto Valverde, su entrenador en el Espanyol, siempre se refirió a
él como un ganador absoluto, “ha sido un tipo al que los premios le han
llegado tarde cuando los merecía desde el principio”, dijo.
A pesar de todo, cuentan que su primera casa en Madrid guarda
infinidad de copas y trofeos que ganó de manera individual al marcar
goles, lo que sabe hacer como un institnto de supervivencia en cualquier
cancha.


