España.- En los ríos de Madrid no hay angulas, el sabroso, caro y escaso alevín de la anguila europea (anguilla anguilla). Pero donde más angulas se han visto este año en toda la península ibérica ha sido en este discreto chalé alquilado de dos plantas y jardín en el número 1 de la calle Ronda de Valdelagüeya, en la urbanización Mariblanca, a las afueras del madrileño pueblo de Torres de la Alameda. Gran parte de los ejemplares capturados esta pasada temporada de octubre a marzo en la costa y las desembocaduras de los ríos del norte, desde Portugal al País Vasco pasando por Galicia, Asturias y Cantabria, han recalado luego aquí. Camino de China.
Son como blandos cristales transparentes de seis centímetros de largo y un tercio de gramo de peso: qué festín inacabable se podría dar uno comiéndolas en cazuelas de barro con aceite de oliva virgen hirviente, ajo y guindilla, la receta clásica con que los vascos introdujeron su consumo hace un siglo. Una ración de 100 gramos de angulas vale 65 euros.
Pero el destino de éstas del chalé madrileño compradas en viveros del norte no es acabar en cazuelas como manjar de lujo en España u otros países de la Unión Europea. Por lo menos no aún ni tan pequeñas. Su futuro hogar son las piscifactorías de China, sobre todo las de la provincia sureña de Fujian, donde las engordarán durante un año hasta convertirlas en anguilas de unos 70 centímetros, para venderlas entonces en el mercado chino y, sobre todo, exportarlas a Japón, donde la anguila, o kabayaki, el característico pescado de cuerpo alargado como de serpiente, rico en proteínas y con fama de afrodisiaco, es un plato nacional.
El problema es que sacar angulas españolas (o francesas, irlandesas o inglesas) fuera de la Unión Europea constituye un delito de contrabando desde 2009, cuando se incluyó en el Convenio Cites de especies protegidas ante su alarmante merma. El tráfico de angulas para las piscifactorías chinas y el mercado asiático que demanda anguilas ha tenido este año uno de sus epicentros en este chalé donde un grupo de chinos ha preparado las angulas, compradas a través de intermediarios españoles en el norte de España, para sacarlas de contrabando a través del cercano aeropuerto de Barajas en vuelos a Hong Kong. La escena sucede en mayo y a estas alturas ya han exportado clandestinamente, con documentación falsa, 2,5 toneladas de angulas cuyo valor en China ronda los cuatro millones de euros. Pero no saben que la Guardia Civil les sigue la pista desde octubre y que está a punto de detenerlos.
¿Cómo lo hacen? En maletas forradas por dentro con parasoles de los que usamos en los coches, guardan bolsas de plástico donde las angulas se mantienen vivas en agua salada y con oxígeno puro para aguantar el viaje a Asia, junto a botellas con hielo. Luego mulos o mulas chinos, pasajeros que en vez de droga transportan angulas vivas, facturan las maletas como su equipaje personal en el aeropuerto. En Hong Kong les espera un contacto para entregar la mercancía que surtirá de una nueva generación de alevines a las granjas acuícolas de Fujian, donde están especializados en la cría en cautividad de la anguila europea. Las granjas no tendrían que recurrir a este tráfico ilegal si ellas mismas pudieran reproducir las anguilas en cautividad. Pero es que aún nadie ha descubierto cómo hacerlo: el biólogo que lo consiga pasará a la historia. Mientras, y con el veto a la exportación vigente en la UE, a los criadores chinos de anguilas (los principales del mundo) sólo les quedan dos opciones: cerrar su millonario negocio, que emplea a miles de personas, o recurrir a los piratas de angulas. Como éstos del chalé madrileño.


