RÍO DE JANEIRO.
La presidenta de izquierda Dilma Rousseff expresó su determinación de luchar “hasta el último minuto” para salvar su mandato, amenazado por un juicio de destitución que en las últimas horas sumó importantes apoyos en el Congreso brasileño.
“El gobierno luchará hasta el último minuto del segundo tiempo por algo que creemos factible, que es derrotar a esta tentativa de golpe”, dijo Rousseff, quien el domingo enfrentará una votación en la Cámara de Diputados que, de prosperar, la dejaría a un paso de la destitución.
Esa amenaza se acentuó cuando dos partidos de la base aliada —el PP y el PRB— anunciaron su ruptura con la coalición estructurada en torno al Partido de los Trabajadores (PT) de Rousseff y su predecesor Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010).
Una “amplia mayoría” de otro aliado, el PSD (36 diputados), se pronunció además en favor del impeachment, anunció su líder en la Cámara baja. El gobierno obtuvo el consuelo de que un partido a menudo crítico con sus posiciones, el PDT, anunciara que votaría el domingo contra el impeachment.
Un juicio de destitución puede abrirse si cuenta con el apoyo de 342 de los 513 diputados (dos tercios) y luego con el de más de la mitad del Senado. En ese caso, Rousseff sería reemplazada por su vicepresidente, Michel Temer.
Por otra parte, la patronal Confederación Nacional del Transporte (CNT) se sumó a otras grandes centrales empresariales que exigen la destitución de Rousseff, por su “incapacidad” para lidiar con la crisis.


