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Alzheimer devora modo de vida de mexicanos

Voltea al espejo y empieza a hablar con la mujer que tiene enfrente, se ríe con ella y le platica. Margarita ha olvidado por momentos que ese rostro le pertenece a ella.
Le diagnosticaron Alzheimer en 2007. Sólo tiene 62 años. Y como la de ella, la vida de su hija Janette también se ha alterado.
Los espejos, las peceras, las televisiones y todas las superficies en las que se pueda reflejar en casa, permanecen cubiertas o han tenido que desaparecer.
De nada sirve decirle: “Mamá ya no le hables al espejo”. Margarita, simplemente, no lo entiende, porque su enfermedad llegó a un grado tal en que hay veces que ya no es capaz ni de reconocerse a sí misma.
En cinco años ya se ha perdido tres veces. Por eso Janette optó por ponerle una pulsera plateada en su mano derecha con su nombre y su teléfono, por si acaso vuelve a extraviarse sea más fácil que alguien la lleve de vuelta a casa.
Longevidad que mata
México rebasa con diez años el promedio de la esperanza de vida media al nacer que, a nivel mundial ha llegado a 66 años, lo que ha derivado, en el aumento del Alzheimer.
Desde hace diez años Janette comenzó a notar los primeros síntomas en su mamá. No vivía con ella porque estudiaba fuera del Distrito Federal pero cada Navidad y Año Nuevo que volvía a casa la notaba ausente,  indiferente, confundida.
Y poco a poco comenzaron a brotar más pistas. A sus 52 años Margarita sin saber a qué se enfrentaba comenzó a luchar contra el olvido, escribiendo notas en papelitos de todos los tamaños con las fechas de los cumpleaños, el lugar en donde dejaba las cosas, las compras y los pagos que tenía que hacer y hasta si había dado permisos o no para salir a su hija menor.
Las desventajas no cesan. Actualmente, sólo hay 350 geriatras para atender a 10 millones de adultos mayores y sus enfermedades.
Todo siguió igual hasta que llegó el día en que perdió su trabajo, cuando ya ni siquiera pudo recordar con quien había hablado por teléfono apenas acabando de colgarlo.
Después vinieron los dilemas cotidianos. Si en la oficina olvidaba llamadas, en casa los olvidos acabaron con su rico sazón poblano y sus preciosos puntos de bordado.
Pasó por sicólogos, siquiatrías, homeópatas, que le dijeron de todo, hasta que su mamá estaba fingiendo para llamar la atención.
Pasaron dos años hasta que un neurólogo dio al clavo: Margarita padecía el  tipo de demencia más común en los ancianos, aunque a ella en realidad se le manifestó muy temprano.
Como Margarita, uno de cada 20 mexicanos de 60 años padece Alzheimer, uno de cada tres a los ochenta años y uno de cada dos mayores de 90 años, sin distinguir sexo, escolaridad, ocupación, raza o clase social.
No se sabe a ciencia cierta qué provoca esta enfermedad irreversible y progresiva, que en total se calcula afecta a seis por ciento de los mexicanos y que no sólo devasta a los pacientes sino también a sus familias, que tienen que lidiar con el deterioro de la memoria, orientación, juicio, lenguaje, personalidad y conducta de sus familiares.
“Es difícil y costoso obtener un tratamiento médico, vemos con tristeza la apertura de actividades para personas de la tercera edad que en lo sustancial son para ancianos sanos, pero para quien no puede aprender.
“(Mi madre) ha olvidado escribir, firmar, bordar, coser, leer, recortar y pegar, es casi imposible incorporarse a terapias de grupo”, lamenta Janette la hija de Margarita.
En su búsqueda de ayuda Janette se topó con otras familias que tienen un papá, un esposo, una mamá o una suegra afectados por Alzheimer y que como ella tienen que enfrentarse a las dificultades diarias de síntomas y cambios de comportamiento.
Así surgió la idea de formar hace tres años la Asociación Alzheimer Chiapas que hoy está integrada por ocho familias y sus enfermos que se reúnen, se apoyan y se cuentan sus historias para intercambiar estrategias contra el olvido de los suyos.
La meta de Janette es crear un centro de atención diurna en el que se brinde cuidado y atención multidisciplinario a pacientes con Alzheimer y también a sus familias en el sureste el país.
Desea lograr al menos mantener la memoria afectiva de los enfermos. Que su mamá la reconozca por siempre.
De repente Janette ve luces de esperanza en su lucha como cuando fue a  cortar elotes y resultó que Margarita recordó que cuando niña cortaba elotes en su natal Cuetzalan, Puebla, de donde escapó a los 13 años  porque no quería casarse con un hombre mayor y dedicar el resto de su vida a echar tortillas.
Altruista
Janette apoya a familias y pacientes de Alzheimer:
Para más información, es posible contactar la fundación Alzheimer Chiapas:
a través del correo alzheimerchiapas@gmail.com
o acceder al facebook:
www.facebook.com/asociacion.alzheimerenchiapas.
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