La muerte de Edgar Vera Martínez no fue con méritos militares como su familia alguna vez pensó; él fue uno de los 44 reos que murió el pasado fin de semana en el interior del Penal de Apodaca. Tras ocho años de servicio militar su familia aún no se explica como cambió de rumbo.
En el exterior del Servicio Médico Forense, una frágil y enferma mujer de nombre María Lucas Vera tras recibir la noticia de que su hijo había muerto no tuvo otra alternativa que gritar ante la mirada de todos que no entendía el por qué.
Édgar salió de la ciudad de México tras realizar un servicio militar por casi una década, pero de manera sorpresiva fue comisionado al estado de Nuevo León desde el mes de junio del 2011.
Solo dos meses tuvo comunicación con su familia, porque desde entonces no se supo nada de él hasta que fue denunciado como desaparecido.
La sorpresa de la mujer fue tan grande que enfermó de la noticia, su hijo estaba internado en el penal de Apodaca acusado de formar parte del crimen organizado; las fechas indicaban que desde agosto ya no era militar.
Además de militar el joven formaba parte de la comunidad indígena en su natal Ajuchitlán ubicada a dos horas de la cabecera del estado de Guerrero.
Desde este sitio su familia no tuvo alternativa que salir hacia Nuevo León.
Los familiares no le informaron a la pobre mujer que su hijo había muerto, solo le dijeron que tenían que venir al estado para ver una situación; en la sala del Semefo del Hospital Universitario una fotografía con el rostro de su hijo golpeado y muerto, fue su recibimiento.
“No, mi hijo no, no puede ser”, narran decenas de personas que presenciaron el dantesco acto.
El escenario se complicó mucho para la familia Vera ya que a su legada no traían ningún documento oficial del ex militar asesinado; se tuvo que recurrir al envío de documentos por correos electrónicos.
Sin dinero la familia tuvo que pernoctar en el exterior del hospital, posteriormente fueron llevados a un albergue.
La tarde de este martes la familia recibió la noticia de que los trámites habían terminado pese a la ausencia de documentos oficiales y los cientos de llamadas que se tuvieron que realizar por parte de las autoridades.
Otro problema
El nuevo reto salió a la luz. En Ajuchitlán no hay servicio funerario, y en la comunidad en la cual vive la familia no hay teléfonos ni nadie que recibiera el cadáver.
Ante esta situación la entrega de los restos demoraron mucho más.
Poco después de las 18 horas el cuerpo fue entregado a una funeraria y las autoridades le pudieron conseguir el apoyo para completar el pasaje de regreso a Guerreo para cinco personas. A las 21 horas los cinco familiares regresaron a casa con el corazón roto y con la misma pregunta sin respuesta.
“Realmente señor ¿No entiendo nada de lo que está pasando?”, explica la angustiada madre del hombre que un día fue el ejemplo de su familia y que hoy regresa a la tierra que lo vio nacer, como un supuesto criminal.


