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Lo que dejó la Serie Mundial; ‘decepción’

Héctor Luna

Sólo bastaron cuatro juegos para que Gigantes de San
Francisco se coronara campeón de la Serie Mundial de este año, y nada más se
ocuparon cuatro partidos para entender que Tigres de Detroit era una burbuja
que encandiló en la final de la liga americana, pero que al final, sólo era
eso, una burbuja que no hacía daño a nadie.

Para los que gustamos de ver beisbol, y que tratamos de ver
la temporada regular al completo (Más de 160 juegos) y que no éramos seguidores
de estos dos cuadros, nos sentimos decepcionados, y no por la calidad de Serie
Mundial porque Giants plantó un nivel excepcional en picheo y bateo, sino
porque no hubo algo que nos hiciera emocionarnos como el año pasado como cuando
se coronaron los Cardenales de San Luis.

Sabíamos, o algo nos decía, que con lo que sucedió en el
primer encuentro, cuando al mejor picher de todas las Grandes Ligas lo zarandearon
por todos lados, esto se iba a inclinar de un lado, pero nunca nos imaginamos
que sucedería tan rápido y tan cómodo para los de la bahía.

Justin Verlander podrá perder juegos, porque también es
humano aunque arriba de la loma no lo parezca, pero lo sucedido en el primer
juego de la serie fue una auténtica burla, y si a tu mejor picher le pegan dos
jonrones en menos de seis entradas, algo malo te está por suceder.

Ahora sumémosle que el hombre ‘Triple Corona’ no respondió
nunca (Sí, pegó un cuadrangular en el cuarto juego) pero para un hombre como
Miguel Cabrera que pegó 44 leñazos e impulsó 139 carreras en temporada regular,
sólo hacer sonar una vez el madero y ponerla detrás y sumar tres impulsadas en
una World Series, es para llorar, y ya no digamos del otro pelotero que llegó para
ser figura; Prince Fielder, que promedió debajo de los .100 en bat. ¡Terrible!

Mucho se comenta que el haber barrido a Nueva York por la
liga fue un factor que les jugó en contra, pues les cortó la ‘viada’ ya que
tuvieron que esperar rival entre Gigantes y Cardenales que se alargó a los
siete juegos. Pero hay que recordar que Yankees tampoco era un parámetro en lo
absoluto, pues su estadía en la final de la americana era más por suerte que
por hacer un buen juego de pelota.

De Gigantes, hay que aplaudirle todo, porque como bien lo
comentaban los periodistas de Televisa, el mánager Bruce Bochy lo hizo todo
bien, hasta poner a Tim Lincecum como relevista, algo como dijeron los mismos
comentaristas; de muchos pantalones.

Sin tener un equipo de figuras y renombre, como lo fue
Detroit, San Francisco con hombres como Matt Cain, Barry Zito, Pablo Sandoval,
Buster Posey, el mismo Lincecum, Marco Scutaro, entre otros, pusieron lo que
sus rivales no; temple.

O hay que llamarlo como queramos; temple, enjundia, coraje,
carácter, ganas… el chiste es que San Francisco no daba, ya no digamos una
pelota por perdida, sino un swing como perdido, aparte y hay que decirlo, las
cosas estaban destinadas para que Gigantes se coronara, porque absolutamente
todo les salió bien.

Hubo un solo equipo en esta Serie Mundial, de la que se
esperaba mucho más, pero de lo poco que nos brindaron, hay que agradecer a los
nuevos campeones del mejor beisbol del mundo, porque demostraron que no se
ocupa una nómina alta para llevarse el prestigiado anillo, y jugando muy bien.

Nada más habrá ver quién se les unirá para el siguiente año,
y si seleccionan bien, obviamente serán candidatos a retener la monarquía.

¡Gracias!

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