Después de ganar una medalla de oro es difícil regresar a la monotonía de la rutina. En unos cuantos meses, Luis Fernando Tena (D.F. 1958) pasó de ser uno de los hombres más cuestionados del futbol mexicano a héroe nacional.
“Es bonito todo esto, aunque ahora a donde vaya me sacan un promedio de 50 fotografías diarias, me detienen en cada esquina, en cada lugar”, señala Tena. “Me costó entender lo que habíamos hecho, particularmente fue impactante todo, aunque hermoso.”
Incluso, el Presidente de la República, Felipe Calderón, se ha declarado admirador del Flaco Tena. Lo ha puesto como un ejemplo de superación y autoestima, porque hasta antes de ayudar a José Manuel de la Torre con el equipo Sub 23, parecía que su carrera entraba en una estática.
“Está enterado de lo que pasa en el futbol el señor presidente. Supo, por ejemplo, lo mal que nos fue en la Copa América y que pudimos levantarnos trabajando en equipo, estando fortalecidos y juntos en las buenas y en las malas. Es un honor que esté al tanto de lo que hacemos”, refiere el técnico, que desde que concluyera su aventura en Londres 2012 trabaja muy cerca de Chepo de la Torre con la selección mayor.
Tena viajó al frente de un grupo de chicos hacía Londres, a su Trafalgar, como Nelson, a conquistar su mejor batalla. Admite que fue difícil el aspecto sicológico, porque a varios de estos jóvenes los trató de mantener a raya de los comentarios que existían en el país. La mala experiencia de la Copa América en Argentina 2011, de la que el Tricolor regresó con tres derrotas, rebotaba en las críticas que leían en la prensa. Sin embargo, hubo algo especial en cada encerrona que tenía con ellos para motivarlos. Nadie le expresaba el pasado triste de los equipos mexicanos en competencias internacionales, ni tampoco los motes que, por años, formaron parte del habla popular.
“Yo crecí con eso, con los ratones verdes, con el mal del Jamaicón, con el ya merito, con todo eso me fui haciendo mayor. Recordaba cuando nuestra selección iba al Caribe o Centroamérica y perdían, por lo que la prensa los destrozaba y con justa razón. Hoy no escuché eso de mis jugadores. Quizá porque son muy chicos, pero tampoco cosas negativas. Trabajamos muy duro en darles una mentalidad de hierro, que no flaquearan, ya después nosotros tomábamos nuestras terapias porque estaba difícil aguantar”, expresa, satisfecho.
Luis Fernando Tena Garduño siempre fue un chico de figura enjuta y hasta desgarbada. Es hermano menor de Alfredo, con quien compartió muchos momentos de futbol callejero cuando niños. Ya de jóvenes intentaron, como defensas centrales los dos, despuntar a la fama. Alfredo lo consiguió con el América. Luis Fernando, itinerante y errabundo, pasó del Atlético Español al Guadalajara y al Atlante.
Asiduo a la literatura española, especialmente a la generación del 36, aquel movimiento de la posguerra civil de la que sus favoritos son Camilo José Cela y Miguel Hernández, “aunque también leía mucho el Memín Pinguín y las historietas de Hermelinda linda”, dice, jubiloso; “ya los chicos que ganaron el oro no saben qué es eso”, indica y de inmediato suelta una buena carcajada.
Luis Fernando tiene cierta parte en su alma de poeta y bohemio, aunque muchos a su alrededor refieren que jamás pierde el buen humor y la serenidad del que se considera un tipo positivo. No engorda ni con el paso de los años y se suelen dirigir a él por su mote de Flaco. Lejos de considerarse una autoridad, estira la mano para saludar antes de posar para los reflectores. Tanta humildad tiene su respuesta. Hoy se piensa que ha cambiado la sistemática vereda del futbol mexicano. “Pero fue muy complicado. Creo que lo que me ha permitido mantenerme es la conciencia de saber cómo es el futbol”, indica. “A veces puede ser un trabajo cariñoso o como un infierno, pero la vida de los técnicos es así y pienso que de alguna manera la propia vida es como el futbol. Hay buenos y malos momentos, la diferencia es lo preparado que estés para afrontarlos. Cuando me pasaron situaciones negativas, me sentía muy mal, triste, preocupado, pero sabía en el fondo que debía prepararme el doble para salir de ellas”, advierte.
-Cómo cambia la vida. Ayer lo querían apedrear y hoy recibe homenajes junto al Presidente del país.
El futbol siempre es una revolución y cambia la vida de las personas, para las que lo estamos en su núcleo y para los aficionados. Les digo a todos que en la vida diaria pasa también. A veces te señalan y trabajando es la única forma en que sales adelante. El futbol todavía es más rápido. A aquellos entrenadores que ahora les va bien, pronto les vendrán las malas. Es una regla.
A Tena se le sigue recordando como el último gran mecenas del cruzazulismo. El técnico que dejó el título del Invierno 97 en las vitrinas. Después de él, el fantasma del fracaso por un equipo grande que se vuelve más transparente en cada torneo. Luego, sus 18 años de entrenador se han repartido por cinco equipos, Estudiantes, Morelia, Santos, América y Jaguares. Repitió estadías en Cruz Azul, Morelia y Chiapas, por lo que su llegada a la Selección Nacional se antojaba esquizofrénica, porque fue cesado de sus últimos dos clubes.
Al respecto, insiste en que nunca dejó de prepararse, ni siquiera cuando, ya con el Tri, muchos pedían su cabeza.
“Fue importante que nunca dejaron de creer en lo que hacíamos en la Sub 23. Formamos un grupo que maduró con la autoestima que tomó. Lo de la Copa América nos hizo reflexionar a todos, no sólo a los que se bajaron de la selección y volvieron para Juegos Olímpicos. Pero creo que la clave de todo fue ganar los Panamericanos y el Torneo de Toulon, que no lo esperábamos. Les insistí mucho cuando viajamos a Londres que eran el espejo de los niños y que todo lo que hicieran permeaba en la sociedad. Quizás me lo creyeron cuando regresaron con la medalla y vieron lo que provocaron.”
Luis Fernando Tena, el héroe inesperado del Tri
RELATED ARTICLES


