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#LaColumna: Denuncias de acoso: no todo es como lo pintan y cuentan

#LaColumna: Denuncias de acoso: no todo es como lo pintan y cuentan

12 de Mar del 2020, Hermosillo, Sonora

Por Rodrigo Sotelo / Twitter: @masmedio

Un efecto infamante es el que también está ocasionando este degenerado derecho al que algunas mujeres recurren para tomar ventaja ante un hombre y lavar pasados de fiestas y desenfrenos voluntarios.

Dentro de todo lo plausible y beneficioso del fenómeno “libertador” al que invitan las manifestaciones de mujeres por la no violencia de género, hay un aspecto malsano intocable que se empieza a normalizar.

En las denuncias de abuso y hostigamiento o acoso sexual, particularmente, no todo es necesariamente como lo pintan-cuentan y se admite con intransigente credulidad.

Puede no ser lo “genéricamente correcto”, menos en momentos de falso feminismo colectivo, pero en lo personal siempre tomaremos con serias reservas las acusaciones que involucran un evento de este tipo y que antes de una acción penal tenga como objetivo el escarnio público.

Algo no nos cuadra en todos esos casos en efervescencia que al paso de los años se revelan con la inconsistencia de quien consume drogas por placer, pero al ver las consecuencias culpa al dealer al que frecuenta.

Y todos satanizando al distribuidor, señalando al tiradero, jamás a la “víctima” que se las compra…

Las mujeres realmente abusadas merecen la atención inmediata que reciben y una solidaridad (sororidad, le dicen) del tamaño en que se viralizan sus testimonios.

Pero también en alguna proporción debe cuidarse la integridad y prestigio de quien se señala, hasta en tanto congruente y responsablemente se pase de la presunción a la sentencia.

Este día, por ejemplo, se mantuvo en tendencia la etiqueta #LadyManoseada; en referencia a una mujer perturbada que al verse exhibida por un hombre que le reclama la irresponsabilidad de abandonar a sus hijos, optó por agredirlo y culparlo de haberla manoseado.

Al final, quienes pasaban por el lugar y la veían caminar siguiendo al joven que la grababa, sin pensarlo se sumaron a la condena del “depravado que la había manoseado”.

No leímos a muchas mujeres condenarlo, pero sí imaginamos el desquicio de todas si hubiera sido el hombre quien reaccionara violento o acomodara los hechos para afectar con una acusación falsa a esta madre de familia.

Por otro lado, ¿qué se estaría diciendo si no existiera el video que demuestra la perversidad y demencia de esta mujer?

Esta ligereza de no pocas tendenciosas y nuestra desprendida proclividad a creerles, es la que habría de reflexionarse y discutirse.

En la Universidad de Sonora, hasta crearon una cuenta en redes sociales y colocaron un “tendedero del acoso” para que por estas vías se visibilicen los casos en donde docentes supuestamente hostigan a sus alumnas. Muy bien.

El problema vuelve a ser el mismo: la informalidad con la que las “afectadas” publican historias que no trascienden a lo legal –porque ellas así lo mantienen- y que más bien parecen descargos de otro tipo.

En respuesta, el rector Enrique Velázquez refrendó su disposición para dialogar con la comunidad feminista de la Unison, a efecto de modificar el protocolo de atención y prevención de violencia de género.

¿Debemos crucificar a cualquier maestro que aparece en las listas que estas mujeres circulan en redes sociales?  No, pero tampoco los estamos exculpando. Que el conducto sea el institucional, no otro.

Y, claro, que las alumnas realmente acosadas recurran a todas las instancias dispuestas, dentro y fuera de la Universidad, para que el hostigamiento padecido no quede impune.

Lo mismo para quienes soportan la narrativa de la destrucción como única forma efectiva de protesta, y que aprovechan la coyuntura para desacreditar a sus críticos adjudicando abusos y violencias en años pasados.

A esas jovencitas que a los 16 años las dejan irse de paseo a casas de Bahía de Kino, deben inculcarles que un cigarro apagado en el brazo, los moretones y el abuso sexual no se borran ni aunque el “abusador” sea hijo de una política.     

Si ellas no están en condiciones de reaccionar, como puede entenderse, ¿nadie de su círculo afectivo o familiar advierte lo que le está pasando? Que la acusación parezca legítima y no una aventura de adolescencia.

Y que las historias procesalmente correctas se cuenten con la misma intensidad, para que sirvan de ejemplo y que no se repitan los abusos que sí sin auténticos.

Gracias y hasta la próxima con el favor   de Dios.

Rodrigo Sotelo Mendívil

Director General Masmedio

Correo: rodrigosotelo@masmedio.com                                                                                                                                

Twitter: @masmedio



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